Revancha

“Cuando la vida nos gana una partida, los perdedores pierden, los optimistas aprenden y analizan, deciden jugar una revancha. Desde nuevas estrategias, buscando nuevos horizontes, porque lo que inspira es el nuevo desafío y la pasión para recomenzar. Este gran vino, pensado con las mejores piezas de la tierra de Mendoza invita a descubrir una forma nueva de ver la vida.”  

“La vida nos juega sus partidas. Me dio una revancha, ¿qué mejor que celebrarlo haciendo un vino con Rodrigo, mi hijo?”

Roberto de la Mota.

Revancha en Buenos AiresRoberto de la Mota siguió el camino de su padre, Don Raúl de la Mota. Estudió enología en el secundario y cuando le tocó hacer prácticas, como al resto de sus compañeros, pensó en ponerse un delantal y pasar por el laboratorio de una bodega. Error. Su padre le mandó a sacarse el uniforme, lo contactó con el capataz y lo hizo pasar por todas las etapas de la elaboración de un vino, comenzando como operario, lavando toneles con agua caliente y soda cáustica (“lo más parecido a un baño turco”). Le siguieron el trabajo en los viñedos, agachándose y podando, en cada sector, desde el llano: “porque a ser director se aprende primero siendo operario”. El mismo método lo adoptó Roberto con su hijo Rodrigo, la tercera generación que los de la Mota le regalan a los vinos argentinos.

Y no es una Revancha la que dio la vida, por ahora son dos: Primera Revancha, un malbec 2011, la mayor parte elaborado con uvas provenientes de Drummond, más un aporte de Perdriel, en Luján de Cuyo, y de Altamira, en el Valle de Uco, para aportar complejidad a esa explosión de fruta, y un toque de Cabernet Franc que regalan especias. Tuvo una crianza de 12 meses en barricas.

La Gran Revancha es un blend del 2009, expresiones de cada varietal, es símbolo de la unión de dos generaciones unidas por la vida. Es 65% malbec 30% cabernet sauvignon y 5% petit verdot. Selección de las fincas ubicadas en Drummond, Perdriel, La Consulta y Altamira. Cada uno de ellos se vinificó y crió por separado, 18 meses en barricas de roble francés, incluso por lotes, y recién después se hizo el corte, la etapa de su profesión que más disfruta Roberto y se le nota. Es un vino redondo, con garra, rico, de larguísimo recuerdo en boca, de esos donde una copa pide la siguiente.

En la etiqueta no encontrará descripciones raras, de esas que en la copa provocan alejamiento al vino. Cuando descorche alguna de las botellas, dese un tiempo para leer las palabras de Roberto y brinde por la vida.

GPS: Los distribuye el Garaje de Aldo.

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