Sobrebeber

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Hay algunos momentos en la vida en que se te ocurren las cosas más locas. Sin embargo, terminan siendo las más cuerdas. Me encontraba frente a mi jarra de jugo sintético de naranja, glucosa y no se qué otra porquería más, era el cóctel con el que me harían mi estudio de salud. El tipo que me lo trajo era de Racing, simpático, una buena. Tenía una hora para tomarlo. Apagué la tele que te ponen para calmar esperas (estaba jugando el Barca y perdía… ) y me sumergí en Sobrebeber, el libro de Kingsley Amis, lo contrario a esa mmmmmmmm que debía tragar. Son las veces que las palabras te ayudan a digerir.

Empiezo con el primer capítulo: Sobre el beber y después de enterarme que los hombres nos distinguimos de otras especies porque reímos, me detengo en la receta de una cerveza de gallo delirante, que resumo: lleva 25 litros de cerveza, donde se cocina un gallo grande, cuanto más viejo mejor. Después se le muelen los huesos a morterazos, se lo mete en 2 litros de sack (nada que ver con mi nieto, que es con Z. Esto es un vino blanco y dulzón) y se le agrega unas cuantas cosas. Una semana de maceración y a la botella. Tragado el gallo, sigo con la fórmula para endulzar barriles mohosos y paso al capítulo Bebidas reales (aquí ya me había tomado un vaso de mi delicia). Muchas son fórmulas de su cosecha, como la del Dry Martini, que a más de un barman o amigos fans de este trago, como don Jordi Canal, pondría los pelos de punta. Eso sí, con cada receta van consejos, muy divertidos, como el de comprar vodkas baratos para mezclar y dejar los buenos para beber solos o las anécdotas sobre la reina Victoria, de la que cuenta “se oponía violentamente a la abstemia”.

En las Herramientas del oficio, lo primero que según Kingsley (a esta altura, creo que me faltó decir que es el padre de Martin Amis) antes de tener el equipo del bar, lo primero que hay que proveerse es una heladera propia “libre de porquerías irrelevantes como la comida”. y aconseja hacerse con una cuchara de bar, un colador o frascos para mezclar o medir, pero rechaza la coctelera: “A mí siempre me ha parecido que un minuto extra removiendo es lo mejor. El problema de esos trastos es que resultan muy chapuceros a la hora de servir y, lo que aún reviste mayor importancia, son demasiado pequeños y nunca contienen más allá de seis tragos. No estaría mal una coctelera del tamaño de una sombrerera, pero yo nunca he visto ninguna.”

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Pasamos a la alacena de las bebidas y luego, al vino. Entre los muchos consejos que encontré, hay muchos con los que comulgo: “Acompaña la comida con el vino que te plazca”. Le da con un hacha a todos los hábitos y los escritos esnobs sobre el tema: “hay ricachones que sólo beben añejos claretes de primera cosecha para que sus amigos vean que saben mucho de vinos y que son muy ricos.” “Sigue los consejos de los tenderos, de los clubs de vinos, de los camareros que entienden y hasta de los periodistas especializados, pero ten siempre presente que el veredicto final es cosa tuya. De la misma manera que ciertos abogados mantienen sedados a sus clientes basándose en una sofisticada jerga legal, también hay esnobs del vino, supuestos expertos y vendedores celosos conspirando a tu alrededor para convencerte de que el tema es demasiado misterioso para ser abordado por una persona normal carente de asistencia continua. Esto es, por decirlo de una manera educada, una fantasmada”. Una vez comprado el vino, hay una guía del tacaño (con el vino y con la comida), es imperdible, ¡no sean tacaños y cómprense el libro!
Cuando andaba por mi última copa de esa porquería naranja fosforescente, leí lo referido a la resaca “Cuando esa mezcla inefable de depresión, tristeza, angustia, desprecio de uno mismo, sensación de fracaso y miedo al futuro empiece a imponerse, recuerda que lo que tienes es resaca”. “No te estás poniendo enfermo, no has sufrido una leve lesión cerebral, no haces tan mal tu trabajo, tu familia y amigos no han tramado una conspiración de silencio a tu alrededor para que descubras que eres un mierda, no estás viendo por fin cómo es realmente la vida y no hay por qué llorar por la leche derramada”.  “Es el resultado de un ataque al sistema, básicamente por parte del alcohol, por supuesto… lamentablemente, la mayoría de los supuestos remedios son inútiles o francamente perjudiciales, por lo que más queráis, no corráis el riesgo de daros una ducha fría, que incluye guía de lecturas y de música.”

Sigue una dieta para el beodo que me arrancó carcajadas y paso seguido, Cómo no emborracharse, donde desmistifica el truco de beber aceite antes del alcohol. “Un conocido mío empezó la velada con un vaso de aceite de oliva, seguido de una docena de whiskies. Los cuales, tras dos horas lamiendo la mucosa que supuestamente cubría su estómago, se colaron al fin en él y lo dejaron tirado en el suelo del bar del hotel Metropole, en Swansea (afortunadamente, cuando yo ya me había ido)”. El trago nuestro de cada día (a este lo empieza hablando de las podas a las que lo sometió su editor, por lo que paso de comentar, pero se los recomiendo) y en El estado de tu copa, encontrarán una guía de bebidas, pasadas por su filtro personal. ¿Apología del beber? No lo sé, ni me importa. A mi me ayudó a digerir un trago amargo. Salud.

Autor: Kingsley Amis

Editorial: Malpaso.

 

Cócteles en el camino

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Crónica íntima de un viaje por ciudades, bares y barras

No hay un único destino para un viaje, ni una única manera de viajar. Si se conoce a Martín Auzmendi, se sabe que su viaje siempre estará ligado a una barra, a un trago, a un bar y a una historia que contar, de esas que se quieren escuchar. Como si fuesen algunas de las escenas de película que tanto ama, sus crónicas tienen algo más, hay música, hay sabores, generalmente un mercado y en especial, algún personaje -seguro que no muy corriente. Son esas cosas que le ponen sal y pimienta a sus viajes, viajes anotados meticulosamente en una libreta, para que la memoria no juegue una mala pasada, para releerlos y volver de alguna manera a viajar.

En las páginas de estos Cócteles en el Camino conviven el bodegón rosarino con un tres estrellas, Helsinki y París, Pinamar, Chivilcoy y Trelew… Cada parada es una crónica sabrosa en la que se cruza el amor, la nostalgia y un decir que nos va metiendo en los destinos y nos pide que anotemos los datos, todos jugosos, para un próximo viaje. En cada página un puerto que es casi una aventura. Todas provocan sed de ese trago, de esa barra y de ese barman. Martín Auzmendi para mí seguirá siendo un pibe con su libreta a cuestas, pero ya es un cronista, es un viajero y este es su primer gran libro.

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Martín Auzmendi

Editores Argentinos

Alquimia Fría

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Se dice que existe un cóctel perfecto: el Dry Martini. No se si otros podrán competir con él, pero algo tiene esa copa triangular, porque una vez que lo probás, no hay nada igual, no hay nada. Mi Dry Martini preferido es el que bebo, casi de forma religiosa, en el Boadas, cada vez que llego a Barcelona. Otras mujeres le encontraron lo suyo, la escritora Dorothy Parker declaraba: “con el tercer Dry Martini estoy debajo de la mesa, con el cuarto, debajo del anfitrión” y la actriz Marlene Dietrich confesaba que sólo elegía amantes que bebieran Martinis, sabia reflexión. Los hombres son más diplomáticos y se inclinan por una figura masculina, lo llaman Bala de plata. Muchos van buscando su huella, yendo de bar en bar, probando ese placer que equiparan a un cuchillo líquido y filoso. Frío para los hombres, ardiente para las mujeres, se sabe que los puntos distantes en algún lugar se encuentran.

A Leo Coyote y a J.M. Gotarda varias copas no los dejaron indiferentes, los llevaron a emprender un viaje con un destino y un sabor especial. Lo hicieron a través del tiempo, recorriendo varios continentes, persiguiendo una idea fija: el rastro de la creación del Dry Martini. Siguiéndoles los pasos, en las páginas que fueron escribiendo se conocerán barmans, personajes famosos y gente anónima, todos intentando lo mismo: obtener la combinación perfecta. A esa barra singular fueron invitados Luis Buñuel, Josep Pla, Humphrey Bogart y James Bond, para nombrar algunos. Los encuentros se produjeron en las coctelerías de las principales ciudades del mundo. Con cada copa surgieron letras y sabores. Coyote aportó historias y José María Gotarda, uno de los barmans más reconocidos de España, las fórmulas y los secretos. La idea es clara, antes o después de la lectura se pasa a la práctica. 

De Leo Coyote y J. M. Gotarda. Editorial: Alrevés

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Dry Martini 

Llene un vaso de composición o mezclador (grande, de vidrio) con hielo (por supuesto, buen hielo). Revuelva los hielos hasta que el vaso esté bien frío. Descarte el sobrante de agua con un colador. Vierta 10 cc de Vermouth extra dry y 60 cc de Gin y revuelva delicada pero rápidamente, de 20 a 30 segundos. Cuele en una copa cocktail de martini (enfriada previamente). Si le gusta un cóctel bien seco, mi maestro me enseñó que debo servir el vermouth, revolver y sí o sí, descartarlo sin pena. Recién después sume el gin y continúe con el proceso. Con esta técnica los hielos quedarán perfumados y su Martini tendrá una mínima cantidad de vermouth. Decore con una aceituna verde y sirva. Prepare dos…  

Marsella en dos tiempos II

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Vivir en Marsella

A esta altura no puedo ni quiero negar mis pasiones. Si alguien me pregunta cuáles son los autores del género negro a los que amo, sin duda, Jean Claude Izzo figurará en uno de los primeros lugares. Quizás por eso, hace unos años recorrí Marsella siguiendo sus pasos, metiéndome en su Vieux Port (puerto viejo), recorriendo La Cannebière, esa avenida de pasado glorioso y Le Panier, el antiguo barrio que parece que fuese a descascararse con la brisa del mar, yendo de barra en barra, probando Pastis y alguna Absenta, husmeando en su barrio árabe, con olores a especias, y en sus mercados provenzales, los del ajo, la albahaca y la menta.

vue_petit_nice(c)JeanFondacciHace poco, cuando me hablaron de Gérald Passédat, no dudé un segundo en cambiar el recorrido y llegar hasta Le Petit Nice, el hotel-restaurante de este chef, que aparece en una curva del camino, sobre el mar, siguiendo la línea del viejo puerto marsellés. Es que de Passédat, que lleva tres generaciones en la ciudad, sus coterráneos dicen que es sinónimo de boullabaise, que no es poco, porque elevó la sopa popular marinera, el plato típico marsellés, a otra categoría, la misma que le da a toda comida que lleve pescados y frutos de mar. Quizás por eso no sea extraño saber que de noche y hasta la madrugada se acercan hasta su casa las barcazas trayendo lo mejor del Mediterráneo, lo que el mar quiere entregar y que Passédat transforma en platos que transmiten algo de la historia de su ciudad, de tan sólo 26 siglos, entramado de culturas y sabores. Son platos simples y a la vez complejos, con un respeto casi religioso por esos peces, muchos olvidados, y por las verduras y frutas de la zona.

portrait12(c)RichardHaughtonAl sentarse a comer en una de las mesas de su restaurante se puede sentir casi como salpica el mar al golpear con las piedras de la orilla. El lugar no tiene más decoración que un mural de caracolas y un enorme árbol, en el centro, aún de la construcción de su abuelo, que sobrevivió al tiempo. Me preguntan si tengo algún problema alimenticio o si hay algo que no me gusta, y cuando queda claro que no hay barreras, comienza el ritual, ese que me lleva a desentrañar quién es este señor, el amo del mar. Pero estoy en Marsella, entonces, primero lo primero: una copa de Ricard.

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PASTIS

Para preparar el Pastis, coloque 4 centímetros de esa bebida, puede ser Ricard, en un vaso alto, agregue agua mineral fría y hielo, revuelva y beba. Para acompañar el trago sugiero imitar el bocado que me trajeron: una pizza frita de tomates, anchoas y aceitunas negras.

loup_lucie(c)JeanFondacciComienzan a llegar uno a uno los platos. Atún del Mediterráneo con olivas, trillas con una base de hinojo y pastis, langosta en dos diferentes cocciones (dos platos distintos, dos temperaturas, dos sabores, un único paso), anémonas con vino de cassis acompañadas con beignets frito (increíble) y la sopa de pescados de roca, con azafrán, la versión de ese día de la boullabaise… quesos y postre de caramel y chocolate. Vinos de la región. Ommm.

marsella13 087Al día siguiente, el formal Monsieur Passédat dejó su uniforme blanco, y de jean y remera, muy marsellés, me acompañó a conocer el nuevo orgullo de su ciudad: el Mucem (Museo de la Civilización de Europa y el Mediterráneo), un enorme cubo de hormigón y vidrio, cubierto por otro cubo de encaje de acero, a orillas del mar, con lenguas de mar que entran, terrazas, donde se puede pedir un trago y pasarse la tarde mirando el azul mediterráneo y algún pájaro que ande revoloteando.

marsella y costa azuloct13 029 Allí el chef dirige Le Môle Passédat, tres restaurantes para diferentes presupuestos, que incluyen un café-bistró tradicional y económico, un lugar de autoservicio de mesas largas, con propuestas frescas marinas, y un espacio más formal, con decoración nórdica, que ya tiene una estrella Michelin.

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marsella y costa azuloct13 095Frente a una mesa, mirando al mar, Passédat me ofrece un Carpaccio de pulpo con cubitos de limón y sal de Camargue y un pescado de nombre raro y carne deliciosa, casi vivo. “Es el museo de la mediterraneidad, me dice, es mi lugar”.

marsella13 001GPS: http://www.passedat.fr

Marsella en dos tiempos I

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Marsella es para mí una ciudad especial, de esos lugares en el mundo que no te dejan indiferente. La conocí leyendo, devorando, la trilogía de Jean Claude Izzo, que me llevó a escribir uno de los capítulos de mi libro, Sabores que Matan, que hoy comparto. Tiempo después la recorrí, siguiendo las huellas de los personajes de sus libros y ahora, volví a una Marsella que me mostró otra de sus caras. Esta es la primera parte.

 Morir en Marsella

Marsella se muestra dura, como una mujer inaccesible. Dicen que una vez que se alcanza su corazón, ama y se deja amar. Generosa, es puerto y puerta de inmigrantes que llegan a Francia. La pasión por sus hijos no hace distinciones: desamparados y mafiosos, gangsters y poetas, soñadores y xenófobos, todos conviven bajo su mismo sol. Cuna de La Marsellesa y del hip hop. Tierra mediterránea, huele a ajo y a bouillabaise, a Pastis y a Cassis. Hay muchas formas de conocerla. Jean Claude Izzo la desnuda en Total Kheops**, argot rapero para nombrar el Caos Total.

La dureza le vino a Marsella de lejos, se le fue formando a lo largo de sus 2600 años. Tanta historia a cuestas hicieron que en ella el honor sea capital. En Marsella se puede matar por honor al amante de la mujer, al que ha ensuciado a la madre, o al tío que ha perjudicado a una hermana. Y Total Kheops es una historia de honor. Es la historia de tres amigos, Ugo, Manu y Fabio, que no han sabido qué hacer con sus vidas: “así que, policía o ladrón”, como los imagina el autor. Ugo, ladrón, partió y volvió a Marsella por el honor de Manu, otro ladrón y por el de Lole (la joven cuyo amor comparten los 3 amigos). También por el honor de la juventud, de la amistad y por el de los recuerdos. En ese camino de huellas trazadas en nombre del buen nombre, Ugo mata a Zucca, el capo de la mafia marsellesa. Este era un capo muy especial, un abogado que estaba preparando su retirada a Argentina (sic), del que se decía  no había matado a nadie -uno o dos, solo por la reputación. Como Manu, Ugo muere. Fabio, el policía, será quien protagonice la novela, debiendo cargar con la honra de sus compañeros de juventud asesinados, porque “el honor de los supervivientes consiste en sobrevivir. En seguir en pie”.

Del trío de amigos es Fabio Montale quien heredó las características de su padre literario, Jean Claude Izzo. El escritor marsellés era hijo de un camarero italiano, que huía de Mussolini, y de una modista española, que escapaba de Franco y del hambre. Fabio también es hijo de inmigrantes: vive en un barrio de macarronis, en una casa con sabor a pasta; con olor a tomate, a albahaca, a tomillo y a laurel y con botellas de vino rosado que circulan entre risas, para acabar siempre con Santa Lucía, en la voz de su padre. Cuando se escapa de su casa, con Ugo y Manu, Fabio va en busca del mar, de aventuras, de relatos leídos en libros y de la bouillabaise – el plato que le gustaría comer antes de morir- que le prepara Honorine, la madre adoptiva de los tres muchachotes. El pescado para preparar la sopa lo aporta Toinou,  marido de la cocinera, de quien Fabio hereda la pasión por la pesca.

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BOUILLABAISE

Calentar 3C de aceite de oliva en una cazuela. Sumar una cebolla y un blanco de puerro, picados. Agregar 1 kg de pescado de roca desespinado y cortado en trozos y 300 g de langostinos y 200 g de mejillones, frescos y limpios. Incorporar 2 tomates y 2 dientes de ajo, picados. Mezclar y sumar una copa de vino blanco, dejar evaporar y agregar un litro y medio de agua, 1 gota de anís y 1 ramita de hinojo. Cuando rompe el hervor, cocinar 10 minutos. Colar y reservar el caldo y los frutos de mar, por separado. Aparte, machacar en un mortero otro diente de ajo con 1 C de perejil, 50 g de almendras peladas, 2 rebanadas de pan frito, 1 c de hebras de azafrán y 1 c de pimentón. Incorporar la pasta al caldo y llevar al fuego 10 minutos. Salpimentar. Distribuir el caldo en platos, sobre pan frotado con ajo y aceite de oliva. Servir los pescados en una fuente.

  

Además de gourmet, este policía, un antihéroe, recita a Louis Brauquier -“devolvednos el pecado y el amor”- mientras desmenuza los misterios de la mafia marsellesa, una de las más fuertes del mundo en el tráfico de heroína. Ni siquiera la persecución de criminales le impide hacer paradas en restaurantes con cocinas extranjeras, siempre acompañado por mujeres. Amigas, periodistas, putas y hasta la santa madre adoptiva le ayudan a sacrificarse y  adjudicar puntaje a los bocados: los de las Mil y Una Noches, con sabor a pastela marroquí van a la cabeza, seguidos de cerca por la pizza de Chez Etienne, la mejor de Marsella. Su ruta incluye el sabor del tomate con mozzarella, alcaparras, anchoas y aceitunas negras; los spaghetti con almejas y el tiramisú, entre otros platos, siempre regados con buen vino y en algunos casos, tequila, coñac o whisky. El Bandol de los viñedos de Pibarmon o el Côtes de Provence, rosado fresco, son algunas de las opciones que pueden probarse en los muchos bodegones citados en sus rutas. Su bar preferido es el del consecuente Fonfon, quien, pese a la presión de los clientes, solo ofrece para leer diarios socialistas. Los domingos de franco, el plato del día de Fabio es pescado recién pescado por él, como debe ser: lubina a la plancha y si hay tiempo, con hinojo.

Lubinas-asadas-al-hinojoLUBINA CON HINOJOS

Limpiar la lubina, rellenarla con hinojos, rociarla con aceite de oliva y asarla a la plancha. Cocinar más hinojo -a fuego lento- en agua con sal y manteca, hasta que se haya evaporado el líquido. En una sartén con aceite, rehogar cebolla, ajo y una guindilla,  picados. Agregar una cucharada de vinagre y cubos de tomate y luego, los hinojos. Servir la lubina con la salsa de vegetales.

Cuando el mar se niega a entregar sus criaturas, Fabio no deja de cocinar: “la mente no se pierde en los complejos vericuetos del pensamiento. Se pone al servicio de los olores, del gusto, del placer”. El menú incluye pimientos rellenos, sopa de pistou -derivado del pesto- que le recuerdan sus orígenes y los viernes, aioli (solo con buen aceite de oliva). Siempre, para comenzar, en la mesa del policía hay lenguas de bacalao marinadas por Honorine (con aceite de oliva, perejil y pimienta), un plato delicado, que puede gratinarse; con salsa de almejas; a la provenzal; en papillote o cocidas con vino blanco, láminas de trufa y hongos, pero que, según criterio de la cocinera, como mejor quedan es en buñuelos, con una pasta a la que hay que agregar claras batidas a nieve. ¿Antes? Pastis y música. Pero en materia de sonido el señor Montale suele ser más amplio que en cuestiones gastronómicas: en alguna de las terrazas de la Cannebiere marsellesa disfruta de los raperos del IAM; del Come di y Gelato al limon de Paolo Conte; de Ray Charles; los blues de Lightnin Hopkins; de Paco de Lucía o los tangos de Piazzolla, entre otros.

marsella y costa azuloct13 129Los encuentros con mafiosos y el difícil camino persiguiendo el honor hacen que Fabio sienta que, aunque todavía le falta tiempo para ocupar su lugar en la tumba, “sus sueños y sus iras están en cuarentena”. Y cada tanto se pregunta “¿Por qué es tan difícil hacer un amigo después de los cuarenta? ¿Será porque ya no tenemos sueños, tan solo añoranzas?” Esquivando mafiosos y dando golpes a criminales confesos y encubiertos, su único oxígeno parece provenir de una ventana con macetas de albahaca y menta. Son las plantas de Lole, su pasión adolescente, a las que el policía se encarga de regar y cuidar a lo largo del caos, por amor a ese olor y porque el perfume de estas hierbas, dicen en Marsella, mantiene la vida y ahuyenta la muerte. Albahaca y menta son también otro nexo entre el policía y su creador. “Crecí con el olor a albahaca -cuenta Izzo en un artículo periodístico- mi madre traía 2 o 3 macetas que ubicaba en el borde de la ventana de la cocina. Era su lugar, el de la albahaca. Aprendí, más tarde, que su olor ahuyentaba a los insectos…” Más tarde, Izzo también aprendió que hasta la Revolución Francesa, la albahaca era una planta de la realeza, cosechada con podadora de oro por una persona de alto rango, y que no hizo falta que pasara mucho tiempo para que la plebe, como él, la adoptara. Para el escritor bastaban 3 hojas de albahaca, gotas de aceite de oliva sobre tomates bien rojos y pan del día anterior, frotado con ajo, para sentir la felicidad más sencilla, a la que comparaba con el placer de amar y recomendaba: “No tengan miedo, ni al exceso de albahaca ni al exceso de amor, ninguno perjudica gravemente a la salud”.

11 DSC04934_cropIzzo también amaba a la menta, esa otra hierba de la ventana que ata a Fabio a la vida: “porque su olor no sube a la cabeza, no embriaga, pero que con solo dejar caer algunas hojas en una tetera uno se siente transportado a un palacio oriental. La menta es, además, un filtro para el amor. Me atrevería entonces a dar un consejo: siembren menta, respiren su perfume y descubrirán entonces, que hay siempre mil y una noches en sus sueños. Y amarán a la menta como a la más bella de las amantes”.

marsella 1Mientras Fabio riega las macetas de albahaca y menta, cumpliendo con los deseos de Izzo, los fantasmas de sus amigos, Manu y Ugo, lo ayudan a encontrar la salida del Caos Total. El policía descubre que la mafia marsellesa comparte la mesa con la camorra napolitana. Ambas familias cocinan los beneficios de la droga en restaurantes y supermercados. Sus proveedores de vituallas no son otros que los simpáticos y pulcros muchachos del Frente Nacional. El partido de derecha racista engorda sus filas con políticos, policías corruptos y despechados, gentil aporte de la recesión y la miseria, dos ingredientes básicos del menú globalizado. Porque la llamada fusión, no es una prerrogativa de la gastronomía. Entre tiros, el amor recuperado de Lole y algunas penas ahogadas en tragos -bocados robados a las calles marsellesas- Fabio Montale logra devolverles la paz a sus amigos y hacer que el honor de la perdida juventud recobre su aliento. La albahaca y la menta de la ventana de Lole siguen de pie, ofreciendo su perfume. Regarlas fue la manera que encontró Fabio de honrar a Marsella, de mantener abiertas sus puertas… porque en Marsella se puede morir, pero también vivir.

marsella13 002*Raquel Rosemberg, Sabores que Matan, comidas y bebidas en el género negrocriminal, Paidos, 2007.

**Jean Claude Izzo, Total Kheops, España, Akal Literaria, 2003.

M Palermo

M amplió horizontes en el barrio de Palermo. Los mismos dueños de Bar du Marche, Omakase y M, San Telmo, abrieron un nuevo espacio, donde hasta hace un tiempo funcionó Kensho (que se quedó con el local lindero, el de la boutique).

M_palermo_04_rHay varios puntos que anticipan que puede transformarse en uno de los preferidos porteños, en especial por el equipo que lo conforma. Al frente de la barra de sushi y especialidades nikkei está Ken Shiizu, uno de los que responsables de la apertura de Osaka en Buenos Aires. Las bebidas tienen nombre de mujer y son cosa seria, hay barra con tragos a base de pisco, creados por Inés de los Santos y una carta de vinos (con posibilidad de pedirlos por copa), seleccionados por Mariana Torta, con la política de la casa: precios posibles, para que no haya que terminar pidiendo algo no acorde con la comida. La ambientación invita a completar la experiencia: una galería de arte, con muy buenas obras, curadas especialmente para el lugar, son el marco para esta comida.

barrio coreano sept 13 032La propuesta del menú es amplia, pero a la vez lo suficientemente corta, para no irse por las ramas. Puede comenzar por unos tiraditos, sashimi, rolls, niguiris o cebiches. También mariscos al fuego o langostinos a la piedra u optar por tacos (de tortilla de pulpo), sopas o chupes. En platos fuertes, riquísimos linguini con frutos de mar, pesca del día con diferentes guarniciones (suele haber atún rojo) y woks de pollo, langostinos, lomo o vegetariano. Cocina rica, lugar agradable, precios amables: éxito asegurado.

GPS: El Salvador 5783, Tel: 4778-9016.

Aperitour

Martín Auzmendi, Embajador de Aperitivos de Gruppo CampariAl estaño le están volviendo a sacar lustre. Recuperando el Clarito, retomando la hora del vermut, rescatando las botellas, teniéndolas a mano. Martín Auzmendi se propone sumar adeptos a esta causa, con un movimiento que invita a recorrer -literalmente, a pie- diferentes bares de la ciudad, los últimos jueves de cada mes. En septiembre toca el 26. Hay aperitivos a base de Campari, Cinzano, Cynar y Aperol, para degustar fórmulas tradicionales y novedosos. Todos vienen muy bien acompañados por picadas o tapeo, según el lugar.

Campari Orange en bajaGPS: hola@fuudis.com