Nuestro Secreto

Cuando los hijos se ponen el traje de Papa Noel, puede pasar que un día de esos de terror, con Buenos Aires hirviendo, a más de 40°, el mundo se derrita y la vida siga. Por esas cosas casi mágicas, en una de esas te encontrás instalado en el Spa del Four Seasons, te hagan masajes relajantes, te ofrezcan aguas saborizadas con cítricos, no te enteres del valor del dolar y para terminar, almuerces en Nuestro Secreto, la parrilla en el jardín del hotel. De todo eso (y más) son capaces mis hijos, cuando la madre, yo, está más rayada que de costumbre. Me conocen, son años, saben con qué mimarme.

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Me reservo la experiencia del spa, pero no puedo con el vicio profesional y comparto la de Nuestro Secreto. Volví a probar las berenjenas ahumadas con tehina (¿Juan Gaffuri, para cuándo el restaurante árabe?).

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Después pasé a los chipirones asados con una salsa algo picantona, que marchan sobre papas, deliciosos, en su punto justo, porque no todo es carne en la vida.

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En principales, la dieta pedía pescado, pero el paladar argentino, al ver pasar para las otras mesas bandejas con carne cantó el menú. Probé la tira de asado de 7 costillas y la entraña, corte que es uno de los indicadores de un buen asador, y ésta no defraudó.

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Los acompañé con ensalada de la huerta y con vegetales al rescoldo y un Malbec de Saint Felicien, de Catena Zapata.

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Para el cierre, helados Dolce Morte, el de pomelo honraba la temperatura porteña, súper refrescante. También probé las primeras muestras, bocetos en los que Joaquín Grimaldi está trabajando. Serán lo que se vendrá en postres: Tiramisú y Black Forest, mini tortas deconstruídas en vasos.

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Al Black Forest le subí el pulgar (diferentes texturas de chocolate amargo, guindas y un final de canela), al Tiramisú le falta una vuelta, quizás acentuar el queso y el sabor del café. Hubo más, pero la idea no era trabajar, fue el regalo de mis hijos para Navidad. Entonces, si quieren saber más, les dejo la nota que escribí en diciembre, para Restorando, mantengo la recomendación: Nuestro Secreto es un lugar de fuegos para descubrir.

http://buenos-aires.restorando.com.ar/raquel-rosemberg-recomienda/nuestro-secreto

Censura… el valor de las palabras

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Es gracioso, trabajo en un medio como Clarin hace 22 años, vivo de mis palabras, porque con mis palabras expreso aquello que pienso y jamás nadie me tapó la boca. Soy periodista. En mi vida, ya iba a poner larga, pero no es tan larga, pasé momentos en los que por una palabra no sólo ibas en cana, también podían cerrarte la boca con mordazas de esas de las que no se vuelven. Contra esas mordazas peleé, pero cómo luchar contra la censura absurda y estúpida de los que coordinan facebook, una red social que no hace nada contra la pedofilia, pero se molesta si escribís VA FANCULO y además no te da ninguna opción de defensa.

Señores de facebook la idiotez es síntoma de la sociedad que los engendró. Su propia criatura los va a superar y seremos millones. Alguna vez, en mi libro, el que da nombre al blog, escribí que la venganza es un plato que se come frío. Soy mujer, soy argentina, soy sudaca, tengo memoria. Buen provecho.

Tatuado en el cuerpo

Gabriel Nico

Hace un tiempo, probé en Astrid & Gastón en Lima, El Viaje, un menú-relato sobre la inmigración italiana a Perú. Gastón Acurio me contaba que esa historia abarcaba muchos otros viajes, los de los miles que tuvieron que dejar sus casas, sus afectos, sus sabores, para buscar otro destino. Mi viejo fue uno de ellos. Hoy me enteré que el desgarro se hereda. Que eso que me pasa en la piel viene de entonces, que uno lleva escrito en los genes de dónde viene y a dónde debe vivir. Mi cuerpo no entiende razones, dice que soy una extraña para este sol latinoamericano, que debí vivir en Europa. Pero yo le digo a mi cuerpo que el desgarro ya no tiene arreglo, que podrá patalear todo lo que quiera. Lo siento por él. Yo soy de aquí, no podría desandar el camino, no puedo volver al frío. No hay viaje de vuelta, soy porteña. Aquí vivo.