Mirar al sur

Hace tiempo que Mauro Colagreco comparte cocinas y sueños con colegas del mundo. Las noticias que llegaban desde Mirazur, su restaurante en la Costa Azul, lo mostraban acompañado por chefs de diferentes regiones, Argentina y cocineros argentinos eran una asignatura pendiente, situación que cambió hace unos días cuando se dio un gran gustazo.

P1130792Fue el viernes 11 de octubre. Para ese entonces, ya había llegado la mayoría del equipo. La avanzada la formaron Germán Martitegui, Darío Gualtieri y Tato Giovanonni, que aterrizaron con valijas cargadas de todo y más (por esa pppp suerte, lograron pasar la rígida aduana francesa). Tato se había traído su gin, Príncipe de los Apóstoles, con yerba mate (la verdad es que por aquí había caras raras, parece que provocaba inquietud) y zapatos rojos, porque así es Tato (y de paso ahuyentaba malas ondas).DSC_0076Germán -con el mandato de su alter ego- tenía todo estrictamente calculado: en la valija prácticamente llegó lo necesario para sus pasos de la cena y más, Darío cargó con ajíes amarillos, especias y mejunjes, su buen humor y su sabiduría infinita.  

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DSC_0063El trío, guiado por Mauro, recorrió mercados y dicen que enloquecieron con algunos productos, aseguran que ya tienen ideas para implementar en la Argentina, a la vuelta.

P1130695Horas después se agregó Fernando Trocca, directo desde Londres, y al rato, Paz Levinson, que por un tiempo está viviendo en París. A Narda Lepes hubo que ir a buscarla a Barcelona en coche, la huelga sorpresa de aviones casi hace que nos perdamos las vaquitas de dulce de leche, esas golosinas de la infancia que formaban parte de su postre y que venían bien empaquetadas.

P1130807Mauro me mandó cerca y lejos, recorrido por restaurantes de varias estrellas, comidas increíbles, paisajes de película, todo y más para que como dirían los cocineros en su conjunto: no perturbe su tarea (traduzco: que no los hinche), pero mis buenos modales duraron poco, me rebelé: era capaz de bajar acantilados con un esguince y mi francés gutural a cuestas con tal de estar. Tenía, quería estar y ¡estuve!

P1130657Las horas previas fueron frenesí: trabajos, pruebas, ajustar lo que la distancia impide pulir. Era una primera vez, la primera, que un grupo de grandes cocineros argentinos, un barman que es un mago y una sommelier que es un lujo (creo que no es más alta, para que no nos digan que con ella afanamos) se reunían en este lado del mundo, para mostrar lo que se hace del otro lado, todos juntos. Preparaban, probaban, Mauro coordinaba y la brigada de Mirazur ponía cuerpo y alma. Las horas pasaron, se hizo una prueba general, se presentó cada uno de los platos.

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P1130663Antes de salir a escena, me contaron a coro que la idea es hacer que nos conozcan: estamos en el cccc del mundo, entonces hay que mostrarse. Fomentar la actual gastronomía argentina, sus vinos y sus paisajes.

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P1130654Tres bodegas argentinas se prendieron y apoyaron la experiencia: La Rural, Luigi Bosca y Cheval des Andes aportaron sus mejores vinos, para cada uno de los platos de este menú que mostró lo mejor de la tierra natal del dueño de casa. A la hora señalada estaban todos. Yo, compartiendo mesa con los padres y la hermana de Mauro, tan feliz como ellos.

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P1130755Arrancaron con trago de Tato, tan bueno que después de la cena se repitió hasta que no quedó ni una gota de gin, siguieron las empanadas de Trocca, vinos… el salón se llenó, muchos comensales curiosos por saber de qué se trata eso de la cocina argentina y también algunos compatriotas que viven en la zona, emocionados. Uno a uno fueron llegando los diferentes pasos.

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P1130782El final tuvo, como los aterrizajes de los vuelos argentinos, aplausos y gritos, nada común en la Costa Azul, Menton, pegados al aristocrático Mónaco y al más nuestro Ventimiglia (el pueblo italiano, del otro lado de la frontera, allí donde hay una mamma que cocina como los dioses, y bendice con besos peladas especiales, como las de Martitegui, todo tema de otra nota).

P1130799Después del esfuerzo hubo fotos para inmortalizar el encuentro. Abrazos, brindis y charla hasta bien entrada la madrugada fueron parte del cierre. Al día siguiente, festejo en una bodega amiga, en Italia, paisaje de película, acantilados, viñas, mar celeste-azul-turquesa. Gran mesa, digna de una película italiana. Pizzas, tartas, quesos, terrinas, horno de barro de donde salían vegetales, quesos, hongos, carnes, más, más y más. Otra mesa compartida y la promesa con fuerza, que esto sea sólo un comienzo, el primer bocado de muchos. ¡ojalá!

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