La gira de los hermanos Roca

Hace tres años, escribí un artículo sobre El Celler de Can Roca. Fue después de una visita a Girona y comenzaba diciendo: salió segundo, ¿y qué?. Este año, en marzo, volví una vez más, por entonces eran primeros en la lista de The World´s 50 Best, pero para mi nada había cambiado. Poder probar sus platos, hablar -esta vez- con Joan y Jordi (Josep estaba por el continente rastreando productores) fue una fiesta, de esos privilegios que me da la vida. Fines de abril volvieron al segundo lugar y sigo diciendo: ¿y qué? ¿cambió algo? Lo importante es que El Celler se traslada por un mes a América. Lo harán en agosto, en una gira, la primera de muchas por estos pagos. Lo que sigue es el artículo que escribí para Decanter, Colombia, país que forma parte de este primer grupo a visitar.

http://blog.decanter.com.co/planes/2014/7/2/la-gira-latinoamericana-de-los-roca

 

Calçots: las capas de la cebolla

calcots a la brasaNo hay demasiados secretos, cuando una zona del mundo brilla por su alta cocina, hay que recorrer ese territorio en busca de sus ingredientes y sus tradiciones. Es como levantar capa por capa las pieles de la cebolla, para llegar a su esencia: allí empezó todo, no hay más misterios ni vueltas. Y eso es lo que me pasa cuando recorro Catalunya. En cada una de sus provincias probé comidas deliciosas. Lo hice en fondas, en restaurantes de una o más estrellas, en casa de amigos, hasta llegar al Celler de Can Roca, considerado el mejor del mundo, cada uno tiene lo suyo. Todos se sustentan, son capas de una misma cebolla.
Podría hablar de diferentes ingredientes, de platos, como una sopa de ceps y foie, servida en un restaurante de montaña, en Los Pirineos, o de un escudella, sopa con legumbres y embutidos, en otro restaurancito comandado por un matrimonio mayor. La lista es larga, me sobran los ejemplos. Pero como el viaje al que fui invitada por la Agencia Catalana de Turismo y la Oficina Española de Turismo fue en marzo, cuando los calçots se están despidiendo, voy a poner el foco en ellos, un vegetal al que probamos en tres restaurantes muy diferentes.

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Antes de pasar a la experiencia, les cuento: se trata de una especie de cebolla de verdeo gorda, que para lograrla lleva su tiempo. El proceso de cultivo empieza al sembrar las semillas de una cebolla blanca. Cuando ésta ha germinado y crecido, se arranca de la tierra y se la vuelve a plantar en otro lugar, en el que continuará su crecimiento, hasta que despunte la cabeza, como si se tratara de una cebolla normal. En ese momento, se arranca de nuevo y se guarda 2 o 3 semanas, se eliminan los brotes superiores y nuevamente, se la vuelve a plantar: calzar, de ahí su nombre. La cebolla queda semienterrada, mostrando su blancura al exterior. Se dice que al hacerlo “la cebolla ha de oír las campanas”, porque hay que enterrarla muy poco. Según los payeses (campesinos catalanes), es mejor plantar los calçots en época de luna vieja, ellos sabrán. A medida que va creciendo la planta, es necesario irla cubriendo de tierra, operación que hay que repetir varias veces durante el proceso de cultivo. Los calçots estarán listos. Se cosechan a fines de otoño y en invierno.

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Se dice que la idea de cocinar los calçots surgió a fines del siglo XIX, cuando un tal Xat de Benaiges comenzó a asar en las brasas los brotes tiernos. La costumbre se difundió, en las primeras décadas del SXX, entonces la calçotada se convirtió en la comida principal de los días festivos. Uno de los lugares que la llevaron a la fama fue la Penya Artística de l’Olla, en Alt Camp, una zona de masías (casas de campo), donde se organizaban calçotadas en las que participaban artistas e intelectuales catalanes. En esta fiesta –al igual que en un asado nativo- todo el mundo aportaba algo: opinando o trabajando, por eso, los que participan aseguran que esas humaredas se levantan hacia el cielo, como mensaje de amistad. A partir de los años sesenta, muchos restaurantes se apropiaron de la idea y cuando llega el frío, la preparan para el público local o el turismo, transformando a Valls en la capital mundial de la calçotada.

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El ritual comienza preparando los calçots: hay que cortarle las hojas verdes a una medida determinada, unos 30 centímetros, para que queden parejos, y luego, las raíces. Después se colocan en el fuego (bien repartido y vivo),sobre llama de sarmientos, ramas de la vid. Durante el proceso de cocción, hay que girar los vegetales para que se cocinen parejos. Un vez cocidos, cuando las puntas  están blandas pero los calçots están totalmente negros por fuera, se guardan, envueltos en papel de diario, para mantenerlos calientes.

 

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Llegan a la mesa así, colocados dentro de una teja. Los comensales los esperan vestidos de riguroso babero, porque aquí no hay cubiertos que valgan: cada uno pela su calçot y lo sumerge en una salsa, de la que cada familia tiene su secreto. Una rebanada de pan de pagés (campo) sirve como acompañamiento y ayuda a recoger la salsa que se derrama al comerlos. Tradicionalmente, los calçots se comen de pie y la cantidad dependerá de la experiencia y el hambre de los comensales, pero no bajan de los 25 a 30 por persona. El ritual no está completo sin la bota o porrón de cristal, de vino tinto, que pasa de mano en mano. cal3 Después, llegarán las carnes a la parrilla, como cordero, longaniza o morcilla, butifarra de Valls y alcauciles con all i oli. El festín no es liviano, entonces, como postre, lo mejor son naranjas, pero para los que se animan, crema catalana.

Los Calcots

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Preparación 

Cortar un poco las raíces de 15 a 20 calçots (por persona), para desprender la tierra. Asarlos sobre brasas, con llama, darlos vuelta, poco a poco, para que se quemen por fuera y se asen por dentro unos 15 minutos y guardarlos en papel de periódico, para que conserven el calor.  

 

La salsa romesco

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Triturar en mortero o con minipimer 100 gramos de almendras y 30 gramos de avellanas, ambas tostadas, 4 o 5 tomates rojos, asados, 1 morrón rojo asado y pelado, la pulpa de 1 cabeza de ajo asada, 1 cucharada de pimentón dulce-picante, 100 cc de buen aceite de oliva, 1/2 vasito de vinagre de jerez, la carne de 1 pimiento seco (si se tiene ñora, mejor), perejil y sal. Si se quiere que quede más líquido, se agrega agua, y si se quiere espesar, pan frito.

 

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Viví el ritual, como les conté en tres restaurantes diferentes. El primero en Masmolets, una pequeña aldea, en las cercanías de Valls, en la provincia de Tarragona, en Cal Ganxo, un restaurante familiar, que tiene kilómetro cero, es decir que todos sus ingredientes provienen del lugar.

View More: http://pepsalvat.pass.us/calganxo

 

 

 

El segundo encuentro con los calçots  tuvo lugar en Les Cols, en Olot, La Garrotxa, con dos estrellas Michelin. les cols El destino de Fina Puigdevall era ser abogada, al igual que su marido, pero cambió el rumbo y convirtió a la casa familiar en restaurante y hotel, casa de la que su madre se guardó una reja, por si algún día vuelve a ser lo que era. “Cocino con los productos de acá, dice, sin dejar de sonreír. Están las coles, siempre hay huevos, porque mientras se camina por este edificio de diseño, no es raro toparse con una gallina y hago cambios frecuentes, por eso de que no hay ingredientes de temporada que aguanten 4 meses, son alimentos no viajados.” les cols 2   El sitio está hundido bajo tierra, hay sectores privados, otros –en transparencia- para los eventos, un salón larguísimo, en tonos dorados, mucha presencia de la greda volcánica, que representa los más de 40 volcanes de la zona y una luminosidad y clima especial, tan bien logrado que hizo que el edificio tuviese varios premios, como el FAD 2003. En el menú que probamos, llegó un paquete sorpresa, con los calçots especiales: una tempura de carbón, con aroma a brasas y romesco de remolacha. Otra forma de servir los calçots, partiendo de los calçots tradicionales.

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Mi tercer plato de calçots fue parte del menú en el Celler de Can Roca: Calçot primer servicio. Calçot llyo, calçot Ice y calçot crudo. can roca 1 Calçot segundo servicio: all i oli, ñora, puré de calçots a la brasa, aceite de calçots, aceite de calçots fresco y perifollo, aceite de cayena, destilado de tierra, cava sólido, polvo de calçots, consomé de calçots. 066 can roca ¿Qué decir? ¿Cómo describir un plato que debe probarse? Con los mismos ingredientes, volviendo a esa cebolla blanca, plantada y arrancada, plantada, arrancada y vuelta a plantar, un plato sencillamente genial. 065 can roca Las tres experiencias fueron, cada una desde su expresión una muestra de lo que es y a donde llegó la cocina catalana. Un ingrediente simple, una cebolla (no cualquiera, la que necesita de la luna vieja) llevada a tres mesas distintas. Todas ricas. Cada una diferente, de la tradición a la modernidad, sin perder la esencia. De eso se trata la cocina catalana.

 

GPS: http://www.calganxo.com http://www.lescols.com http://www.cellercanroca.com  

El Celler de Can Roca

Los Roca la tienen clara

roca 032En estos días, Catalunya se acercó a Buenos Aires, con la primera edición de CATenBA. Como parte de la delegación, llegó Josep Roca, Pitu, como lo llaman los amigos, encargado de abrir el ciclo, con “El Celler de Can Roca, una historia de la cocina catalana”. A lo largo de más de una hora en la Usina de La Boca, una idea quedó clara: lo que llevó a este restaurante a ser lo que es viene de lejos, de sus raíces. Trabajo, investigación, innovación sólo tienen vuelo cuando las bases son sólidas.

campari bombonPara entender más acerca de estos tres hermanos que comparten pasiones y un proyecto, recomiendo leer su libro. “Un libro es una forma de procesar el conocimiento, nosotros en estas páginas intentamos mostrar lo que somos y lo que hemos aprendido.” Estas son las primeras palabras de “El Celler de Can Roca, el Libro” (editorial Librooks), donde los hermanos recogen proyectos y memoria de más de 25 años cocinados, camino que comienza en el bar de sus padres y llega a nuestros días. En el final, el catálogo de sus platos emblemáticos.

Otro acercamiento es ver el trailer, de “El Somni”, sueño en catalán, el nombre con que los hermanos Roca bautizaron su nueva creación: una ópera en 12 platos, un banquete en 12 actos, la búsqueda del placer total. Incluye diferentes disciplinas, desde la música, la poesía, la gastronomía y la pintura, unidas en una ópera homenaje a Vatel. Son diferentes formas de expresión dialogando para configurar una experiencia artística  inédita, ópera en la que se puede beber y comer. Esperamos que llegue en poco tiempo a la Argentina. 

Plat 5 (mandala)Pero volviendo a los Roca, y a las palabras de Josep, quiero compartir un artículo que escribí para la revista Obsession, en 2012, cuando todavía no eran los número uno de una lista, pero ya lo eran en todo lo demás. Hoy siguen con sus estrellas Michelin, son número uno de The World´s 50 Best y creo que si tuviese que volver a escribir la nota no cambiaría una coma: los Roca mantienen un día por semana de perfeccionamiento del equipo, siempre uno de ellos está en el restaurante, investigan los productos de su tierra, avanzan sobre diferentes técnicas y tienen a sus padres a una cuadra, como “el referente de su cocina y de quienes son”. Los Roca la tienen clara. 

comerse el mundo“Muchos apostaban a que el Celler de Can Roca obtuviese el primer lugar en la lista de los 50 mejores restaurantes del mundo. Salió segundo… ¿y qué?”  

Llego a Girona, una ciudad catalana, a una hora de Barcelona, con calles medievales. Es la semana de las flores, todos los patios están abiertos y engalanados, la temible crisis que estalla en el resto de España aquí no se percibe. Tomo un taxi, indico donde voy y no hace falta que dé la dirección, todos saben dónde está ubicado el restaurante del que están orgullosos. Más tarde me enteraré que cuando ganaron la tercera estrella Michelin, en 2009, todos los vecinos se acercaron y festejaron con un larguísimo aplauso. Es que los hermanos Roca, los dueños de casa, no llegaron, forman parte de Girona.

comerse el mundo 2Son Joan, a cargo de los fuegos, Josep, de los vinos y Jordi, de los postres. Pero hubo un antes, puede asegurarse que los Roca son ejemplo de esa cocina que se lleva en los genes, en la sangre, porque son la tercera generación dando de comer. Este espacio funciona a 200 metros del bar donde nacieron los hermanos Roca, allí donde los padres, aun hoy, preparan comidas populares, las que también alimentan al equipo del Celler y donde por muchos años, en un anexo funcionó este restaurante, hasta que los hermanos pudieron construir el nuevo lugar, en un terreno donde hacían catering.

CAN ROCA 023Cuando llego, me recibe Joan y me guía por la cocina, impecable, con múltiples sectores donde se investiga y trabaja en diferentes cocciones, un lugar de 200 metros cuadrados (los mismos que el salón y la bodega), donde trabajan 35 personas para atender a 45 comensales, con parrillas, roners (recordar que fue Joan, en su diálogo permanente con científicos, quien lo dio a conocer al mundo), sector de fríos, postres… Me llama la atención las grandes pantallas de TV: “es para ver al Barca”, se ríe tímidamente, queda claro que aquí todo el mundo tiene puesta la camiseta debajo de la chaqueta.

CAN ROCA exterior cavaAl salir, Joan le cede la guía a Josep, al que muchos llaman el poeta, quien me llevará a la zona de vinos, “su lugar”. Entro a una gran nave, sin decoraciones, con cinco boxes. Son los que dedico a mis vinos preferidos, me cuenta, entrar en cada uno de ellos es sumergirse en una experiencia especial. En el dedicado a los del Priorato, su tierra, están todos. En cada espacio, una pantalla permite ver los viñedos, una música acompaña la puesta y en el centro de una mesa se pueden palpar trozos de ese terruño. La escena se repite con los otros vinos del corazón, donde no falta el Champagne, el Riesling, Borgogna, ni el Jerez, el que aún se bebe en el restaurante de los padres y en donde se escucha a Miguel Poveda. Al costado, en la gran nave, están los otros, también queridos, seleccionados por Josep, un apasionado. Son miles de etiquetas de todas partes del mundo, terruños que conoce en profundidad. Con cada historia, me voy metiendo en el espíritu de esos vinos y me emociono, tanto como el relator.

CAN ROCA 072Ya es hora de pasar al salón. El espacio triangular, con maderas claras, vidriado, que deja ver los jardines exteriores e interiores, con álamos, es algo así como un lugar zen en un pueblo mediterráneo. Nada sobra. Es el escenario ideal para un viaje con el paladar y todos los sentidos. Se puede optar por un menú degustación o el menú festival, porque como una fiesta mayor, la de los pueblos. Comienzo “comiéndome un mundo: México, Perú, Líbano, Marruecos y Corea”, un juego, porque debo adivinar cuál es cuál, y casi lo logro. Después llega el Mediterráneo, con las famosas olivas caramelizadas, colgadas de un olivo, calamares a la romana y un bombón de Campari y pomelo, inspirados en los que se sirven en el bar paterno; siguen la tortilla de calabacín y el brioche trufado con su caldo, mezcla de texturas y temperaturas, como diría mi nieto: delicia.

langostino asado al carbónEs hora de verdes, que preparan para la moluscada al Albariño. Le sigue una comtessa de espárragos blancos y trufa, un plato que deja ver la mano de Jordi, el menor de los Roca, pastelero, pero en este caso se trata de un helado de espárragos, el sabor del conjunto se refuerza con la ostra con consomé de garbanzos y trufa. Sigue Toda la gamba, un paso que ya es famoso: gambas a la brasa, arena de gamba, rocas de tinta (pan con un suquet de calamar y gamba), patas fritas, jugo de la cabeza y esencia de gamba. Nunca creí que se pudiese extraer tanto de una gamba, pero la prueba está ahí y casi no tengo palabras. Me cuesta tomar nota, no quiero que ningún detalle me distraiga de lo importante: el goce de cada paso que llega a la mesa.

Sole à la meunièreBesugo, yuzu y alcaparras. Bacalao: estofado de tripa, espuma de bacalao, sopa al aceite de oliva, escalonias con miel, tomillo y ají. Contraste vegetal, sabores que son clásicos en la zona, preparados de manera única. Llega el salmonete cocinado a baja temperatura relleno de su propio foie, con gnocchis y su suquet… increíble.

Ahora pasamos a otras carnes: cochinillo ibérico en blanqueta al Riesling; luego: mollejas y ventresca de cordero a la brasa con setas de primavera, servido con el humo de las brasas y después, otra genialidad: el hígado de pichón con cebolla, nueces caramelizadas al curry, enebro, piel de naranja y hierbas. Un final a toda orquesta, estoy en el limbo, esperando el paraíso: aún no llegaron los postres.

gol-de-messi-445x333Comienzo con sorbete de sandía con coco y estragón, luego con las flower bomb, un nuevo divertimento de Jordi (para mí uno de los mejores pasteleros del mundo) con diferentes bocados que tienen a las flores como protagonistas en distintas texturas. Milhojas de moca… Con los cafés, llega el carrito de los petit tours, el que fue la inspiración para la heladería que Jordi abrió en el centro de Girona. Hay que elegir y quiero todo: desde los macarrones a los cucuruchos con helado, bombones, frutas y más. ¿Los vinos? Albert i Noya cava El Celler Brut D.O. cava Do Ferreiro cepas vellas 09 D.O. Rias Baixas Naiades 08 D.Rueda, Idus 06 D.O. Qa Priorat.

roca padresLa despedida me lleva a visitar la casa original, allí donde nació todo, el bar familiar. Sólo hace falta caminar una cuadra, donde dan ganas de probar esos platos originarios, los que se grabaron en Joan, cuiner (cocinero); Josep, cambrer de vins (camarero de vinos) y Jordi, pastisser (pastelero), como se definen a si mismos los hermanos Roca, los que son responsables de uno de los mejores restaurantes del mundo. Allí, donde día a día, reinterpretan aquellos platos de la memoria, los mismos que comían y siguen comiendo ellos, sus hijos y aquellos a los que forman (la brigada del Celler), preparados por Josep Roca y Montse Fontané, en Can Roca, el bar-restaurante donde nacieron. Esa memoria conformó una base sólida, aquí no hay ingeniárselas para buscar exotismos, el calamar a la romana o el Campari tienen una identidad y esencia sólidas, las que les aseguran larga vida, aunque era hora de partir, porque cuando anochece, en el pueblo, se acaba la fiesta.

GPS:   Can Sunyer 48, Girona, Catalunya, España. Tel: 972 222 157