Florería Atlántico

Arroyo es una de las calles más lindas de la ciudad. Entre Suipacha y Esmeralda hace una curva, donde a principios del 1900 Nicolás Mihanovich construyó una torre, el edificio Bencich (hoy Sofitel), que le permitía ver el movimiento de sus barcos. Hoy la zona está muy lejos de ser naviera, tiene mucho de Paris. Sin embargo, hace unos meses hay un nuevo espacio que recupera aquel espíritu portuario. Si camina por ahí de día, entre galerías de arte, se encontrará con una florería y vinoteca, donde además, venden discos de vinilo de colección. Mucha luz, ramos armados y una puerta cerrada, la de una cámara frigorífica. A las siete de la tarde, algo pasa, la puerta se abre y aunque traspasarla inhiba, adelante: baje por sus escaleras casi de obra y agárrese que vienen curvas, las de la barra más larga de Buenos Aires. Se trata de Florería Atlántico, uno de los mejores bares porteños y tiene con qué. Es el proyecto de Julián Díaz (878) y “Tato” Giovanonni.  IMG_7890

Estos pesos fuertes y ganadores del mundo de la coctelería, entendieron desde el vamos que en la Argentina un bar sin comida no funciona. Con picardía de jugador de poker, lograron permiso para instalar una cocina sin gas y con la ayuda de Luis Acuña (“El pobre Luis”) armaron una parrilla, de donde marcha casi todo.

La atmósfera de Atlántico es la de esos bares que fueron el primer lugar que pisaban los que bajaban de los barcos, allá por el 1900, aquellos que venían en busca de nuevos horizontes, cuando el mundo que habían abandonado parecía habérseles cerrado. Techo descascarado, dibujos de animales mitológicos de mapas de navegantes, que parecen encontrados debajo del reboque (autoría de Tato), paredes oscuras, mesas individuales y alguna más grande, vajilla enlozada con algunos guiños como el de las pelelas fraperas, vasos de vidrio, botellas… Muy buena música, mejor ambiente. No busque aquí un restaurante, se trata de un bar donde comerá muy bien.

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La carta de coctelería está dividida por países que aportaron parte de la inmigración del 1900: España, Italia, Francia, Inglaterra y Polonia, más los clásicos y los criollos. En la barra le sabrán recomendar con qué empezar, todos son muy buenos y tienen lo suyo. Recomiendo el Vinedo Italiano Spritz, con Bonarda o el Cóctel del Atlántico, que lleva en su fórmula Príncipe de los Apóstoles, el gin que produce Tato.

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Para acompañar, lo mejor es ir pidiendo tapas, pero sepa que son del tamaño de una entrada. Muy rico el pulpo a la parrilla con papas confitadas y salsa de olivas y los huevos orgánicos de campo, con chistorras, tomate platense, babys negros y sal de trufa blanca, una perdición (sin acotar nada del tema colesterol). En platos hay pesca del día y para carnívoros: entraña a la parrilla, que llega en tabla, o pechito con manta sobre calabaza, zanahorias babys y una mezcla de choclos y dátiles (para disfrutarlo como se debe: dejar los cubiertos de lado). A esta altura ya se habrán pedido otros tragos o vinos, muchos por copa. Los postres también marchan de la parrilla, como la banana con queso de cabra y dulce de leche, una bomba, para compartir. En síntesis: más que un bar es un gastrobar, con la mejor de las barras, muy buenos vinos y comida de ppp madre.

GPS:  Arroyo 872. Tel 4313-6093