Libros, libros, rosas y libros

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Hoy, 23 de Abril, es Sant Jordi. Es uno de esos días especiales en mi agenda. Podría decir que es por el santo de mi amigo Jordi (que no es ningún santo), pero a esta altura desconfío de si él festeja o no su santo, tendré que averiguarlo. De lo que estoy segura es que celebra y a lo grande Sant Jordi, he aquí una contradicción que disfruto a lo grande, porque desde que lo conozco, yo también festejo. Se trata de un día especial: hoy los catalanes y catalanas (y todos aquellos que nos sumemos a sus alegrías) regalan y se regalan libros, sí libros, de papel, nada de ebook o cosas por el estilo, libros con olor a libro, papel y tinta. Siempre me pregunto por qué los argentinos copiamos Hallowen, San Valentín y tanta otra cosa y sin embargo, esta costumbre que es hermosa no prendió… no pierdo las esperanzas. Entonces, Feliz Sant Jordi, regálense libros, muchos (y Jordi Canal… ¡Feliz Sant Jordi!).

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Como buen festejo tiene una leyenda con princesa y malo incluido. Se cuenta que el santo luchó contra un malvado dragón, que mantenía presa a una hermosa princesa a la que logró liberar. En el lugar de la lucha, la sangre del carcelero se transformó en un rosal, símbolo del amor y la amistad, lucha y liberación se recuerdan intercambiándose .-damas y caballeros- rosas y libros.

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Interrumpida durante el franquismo, porque para algunos los libros muerden, la costumbre volvió y hoy se hizo casi universal, basándose en aquella leyenda; intercambiando una rosa por un libro. Hasta hace unos años, las damas recibían las rosas y los señores, libros. Hoy las mujeres recibimos nuestras rosas y también libros.

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Y siguiendo con los libros, mañana comienza en Buenos Aires la Feria Internacional del Libro, la número 40, que esta vez inaugurará Quino. Habrá mucho ver, invitados internacionales, como Paul Auster, Padura y J.M.Coetzee, entre otros. Más los escritores nacionales. Habrá charlas y ciclos, uno de los que se repiten es Milhojas. Cocina e identidad, curado por el periodista Joaquín Hidalgo, el 3 y 4 de mayo, en el Pabellón Blanco, que tendrá al mundo editorial dedicado a la gastronomía y los vinos, como protagonista. Novedades, los títulos más atractivos, los autores más inquietos y las lecturas más jugosas, serán de la partida. Un ciclo en el que los lectores se encontrarán con los autores de sus recetas y sabores favoritos. Hay varias preguntas que recorrerán la sala: ¿cómo se definen hoy las identidades culinarias? O mejor ¿cuáles son los límites de la cocina y del vino en la búsqueda de una identidad?

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El menú

Sábado 3 ¿Comemos mal los argentinos?
La autora de Mal Comidos, Soledad Barruti, y el autor de La Re-evolución de la cocina, Pablito Martín, encienden la hornalla de una polémica: la mala alimentación. Modera Rodolfo Reich (Bacanal). 16.30 en la Sala A.B. Casares.

Pan para hoy, bagels para mañana
Mauricio Asta, autor de Mi pastelería, y María Laura D’Aloisio, repasan  las principales tendencias de elaboración y consumo. Modera Luis Lahitte (JOY). 16.30 en la Sala V. Ocampo.

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Doña Petrona, la cocinera que modeló el gusto de tres generaciones 
Con más de 100 ediciones, el libro de Doña Petrona es el más influyente de la cocina argentina. Las compañeras de ruta de Doña Petrona Carrizo de Gandulfo, María Adela Baldi y Annamaría Muchnik. Modera Alejandro Maglione (Brando). 18.30 en la Sala A.B.Casares.

Felipe Pigna©Graciela Ocampo
Felipe Pigna cuenta la historia del vino argentino
El historiador acaba de lanzar Al Gran Pueblo Argentino, Salud y en una entrevista pública realizada por el periodista Joaquín Hidalgo (Vinómanos). 18.30 en la Sala V. Ocampo. La vuelta al vino en ochenta mundos
Historias y curiosidades de la mano de la sommelier Fernanda Orellano, autora de La vuelta al mundo en 80 copas, y la periodista Natalia Páez, autora de Mitos y leyendas del vino argentino. Modera Alejandro Iglesias (Vinómanos). 20.30 en la Sala A.B. Casares.

Martiniano Molina
Martiniano Molina, una biografía en quinientas recetas
El chef acaba de lanzar su libro Todas mis recetas. Modera Martín Teitelbaum (La Nación Revista). 20.30 en la Sala V. Ocampo.

Knishes, pletzalej y varenikes. Sabores típicos de la cocina judía
Miriam Becker, autora de Pasión por la cocina judía, junto a Silvia Plager, autora de Como papas para varenikes, recorren en primera persona una cocina rica en historias. Modera Luis Lahitte. 16.30 en la Sala D.F. Sarmiento.

Dolli Irigoyen
Dolli Irigoyen viaja en busca del sabor
La reconocida cocinera lanza este año un libro que busca redescubrir los sabores propios de la tierra adentro. Modera Joaquín Hidalgo (Vinómanos). 16.30 en la Sala V. Ocampo.
Pablo Battro
Quesos artesanales argentinos: qué saber y cuáles probar
Pablo Battro, autor de Todo lo que siempre quiso saber sobre los quesos, y el cocinero Antonio Soriano pasan revista a los mejores quesos artesanales argentinos. Modera  Sabrina Cuculiansky (La Nación Revista). 18.30 en la Sala A.B. Casares. 

Andrés Rosberg
Qué caminos seguir para llegar a amar al vino
¿Qué sale del encuentro entre un especialista y un neófito consumidor de vinos? En el caso del sommelier Andrés Rosberg y el crítico de cine Eduardo Antín (Quintín), un libro: Más allá del Malbec. Modera Marcelo Pavazza (El Gourmet). 18.30 en la Sala D.F. Sarmiento. 

Asia por norte: el boom de la comida oriental
Takehiro Ohno, autor de De mar a mar, y Cristina Sunae, autora de Sabores del Sudeste Asiático, refrescan los gustos de su infancia en oriente. Modera Cecilia Boullosa (JOY). 18.30 en la Sala V. Ocampo.
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La hora del vermut
Martín Auzmendi, autor de Cócteles en el camino, junto con el bartender Matías Jurisich, se zambullen en el nuevo boom de los aperitivos y el revival de los clásicos del vermut. Modera Nicolás Artusi (La Metro). 20.30 en la Sala A.B. Casares.
GPS Sant Jordi, Ramblas de Barcelona.
Feria del libro, de Buenos Aires: Lunes a viernes de 14:00 a 22.00/ Sábados, domingos y feriados de 13:00 a 22:00. En La Rural, Predio Ferial de Buenos Aires, Palermo. www.el-libro.org.ar

Qiu Xialong, una mirada china

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China, muy de a poco, está dejando de ser un enigma. Al gran país se lo conoció a través de su historia, sus productos, su comercio, su gastronomía. Su literatura, hasta hace poco de difícil acceso, también aporta datos y por suerte comenzó a traducirse al español. En este caso les propongo sumergirse en los libros de Qiu Xialong, poeta nacido en Shangai, que se trasladó a Estados Unidos, cuando su padre fue una de las víctimas de los Guardias Rojos, en la Revolución Cultural. Qiu escribió varios policiales, género que una vez más permite apreciar las modificaciones que vive una sociedad y que de forma extraña, casi como regla universal, sufre menor censura que otras literaturas.

El protagonista de la serie de Qiu es un policía especial, el inspector Chen Cao, jefe del Departamento de Policía de Shangai, adicto a los libros, casi un escritor frustrado, al que para mi goce, además de la poesía, le gusta comer y muy bien. En el caso de Seda Roja, deberá vérselas con un asesino serial que acecha a las jóvenes de su ciudad. Sus crímenes causan gran revuelo en la prensa y entre los ciudadanos, sobre todo porque abandona los cadáveres de sus víctimas enfundados en un vestido rojo y de estilo mandarín.

Mientras Chen va tras el asesino, descubre que la raíz de los homicidios se remonta al pasado de su país. Investiga y escribe, porque hay pasiones que son difíciles de abandonar. Las letras lo llevan a cursar, de forma paralela a su destino de sabueso, un master en literatura, estudios que le exigen más esfuerzo que su trabajo policial. Quizás por eso y como agradecimiento, regala a su maestro un jamón Jinhua (un crudo, curado en la zona de Zhejiang, al este de China), tradición –la de regalar jamones- que se remonta a épocas de Confucio.

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Seguirle los pasos gastronómicos al inspector, además de abrirnos una ventana a un pasado poco conocido, nos muestra lo que piensan muchos chinos acerca de la comida chatarra. En su mesa se bebe buen té, vino y se comen platos elaborados, como las cazuelas con algas de Daitiao, los nidos de golondrina, lagartijas de Guanxi frescas –jamás desecadas, ni procesadas, o el súmmum: la bandeja Cabeza de Buda. Se trata de una calabaza blanca, vaciada y cocida al vapor en vaporiera de bambú, cubierta de hoja de loto verde, un plato que es casi un rompecabezas, contiene muchos cerebros en una sola cabeza y requiere destreza, desde el vamos, aún para comerlo: se serrucha el “cráneo” con un cuchillo de bambú, se introducen los palillos en los sesos y se extrae el tesoro, un gorrión frito dentro de una codorniz a la parrilla, que a su vez se encuentra dentro de un pichón mayor estofado.  Después de esa comida, quizás esté de más aclarar que Chen no admite pollos congelados, sólo de campo y menos tortugas de criadero, que pierden todas sus propiedades para fortalecer el Yin o que para apelar a la dieta y filosofía que rige a su pueblo, describa una especialidad de Mao: “tocino con salsa de soja”, un plato que puede parecer nada sano y poco oriental, pero que parece que el líder comunista se lo hacía preparar porque decía, lo ayudaba en vísperas de una batalla, para estimular el cerebro. La jaula con la cabeza de mono no falta en la novela, pero esa se las dejo, para que la disfruten en soledad.

En Visado para Shangai no falta nada: una policía estadounidense con la que Chen debe colaborar, un cadáver desfigurado y la aparición en escena de las Triadas, nombre que recibe la mafia china. Aquí, además de otras tradiciones, pude enterarme de la existencia de Mao Tai, que no es el nombre de un estadista, sino el de un licor, que se bebe especialmente antes de comer serpiente. El bicho se mata delante de los clientes, porque la frescura es esencial al plato. Toda su sangre se recoge puntualmente, porque ya se sabe que la medicina china emplea ingredientes ajenos a la cultura occidental, y esa sangre es invalorable: trata la anemia, el reuma, la artritis y la astenia, y si encima tienen banca con el chef, quizás consigan la vesícula del animal, el mejor de los remedios para disolver las flemas y garantizar una visión perfecta.

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El Caso Mao es otra de las investigaciones que tienen a Chen como protagonista. Este es más jugado que los casos anteriores, porque se trata de seguirle los pasos a Jiao, la nieta de una antigua amante de Mao. Esta vive en Shangai, rodeada de un círculo de amigos que intenta recuperar costumbres y modas de la ciudad, antes de la Revolución Industrial. Nuevamente la trama se va metiendo con historias y leyendas desconocidas sobre la elite china, mientras el inspector come, bebe y hasta se arriesga, para conseguir unos cangrejos vivos, al “precio estatal”, un regalo especial que le abrirá las puertas de varios secretos. El informante, un antiguo estudioso de los poemas de Mao, agradecido, comparte la mesa, no sin antes explicar que a los bichos en cuestión hay que lavarlos muy bien, debajo del agua y con cepillo y después, cocinarlos al vapor (con las patas atadas, para que no se pierdan en la vaporiera). El toque se lo da la salsa de azúcar, vinagre y jengibre fresco y se acompaña con vino de arroz amarillo Shaoxing.

Casos los tres, que hablan de la antigua y actual policía, de miembros del partido, gobernantes, historias que apenas destapan una olla de difícil comprensión. Las novelas de Qiu Xialong son uno de esos viajes a la China profunda, desconocida, aunque llega un punto en que habría que seguir los consejos del Viejo Cazador, el maestro de Chen Cao que decía: “lo mejor es dejar en paz a Mao (y a su época), ya sea en el cielo o en el infierno.”… no estoy tan segura.

Autor: Qiu Xialong

Tusquets Editores

Banana Yoshimoto

Hay momentos en que uno se pregunta por el sentido de la vida, no son los que abundan, pero los hay. Si además, lo que queremos es rajar, los libros ayudan. En estos días devoré algunos de género negro (ay, como lamenté que en mi estante no hubiese un Camilleri nuevo a mano) y me prendí de otros.

kitchenLa pila acumulada no era de esas novelas fáciles, pero reconozco que Banana Yoshimoto, escritora japonesa, me atrapó. Pocas palabras, las justas, no estaba para verso. Leí varios libros de ella que les recomiendo, comenzando por Kitchen. “Creo que la cocina es el lugar del mundo que más me gusta. En la cocina, no importa de quién ni cómo sea, o en cualquier sitio donde se haga comida, no sufro. Si es posible, prefiero que sea funcional y que esté muy usada. Con los trapos secos y limpios, y los azulejos blancos y brillantes. Incluso las cocinas sucísimas me encantan”. Así empieza Kitchen, cocina, que no es un libro de cocina, aunque el sabor de Japón está presente. Es la historia de Mikage Sakurai, huérfana, que vivía con su abuela y cuando ésta muere, encuentra paz durmiendo en la cocina, en ese lugar donde se prepara la comida. Después, cuando va a vivir a la casa de su amigo, con una madre transexual, un verano las comidas ocupan un lugar especial, decide a aprender a cocinar, preparando -una a una- las recetas de cocina de un libro. Hay crimen, aunque esta vez no importa, la belleza de la novela lo hacen pasar como guarnición.

Recuerdos de un callejón sin salidaEn “Recuerdos de un callejón sin salida” esta vez libro de cuentos, cinco personajes acompañaron mis horas. En “La casa de los fantasmas”, dos estudiantes universitarios traban una profunda amistad que entrelaza sus vidas: Iwakura es descendiente de una familia de panaderos, famosos por sus rollos de bizcochos, pero intenta tener otro destino, tal vez lo encuentre aprendiendo el arte de la pastelería en Francia. El futuro de su amiga Secchan está ligado al restaurante de cocina occidental de sus padres, una carrera que acepta. Pocos diálogos, sólo los justos, que se saborean entre cucharadas de nabe, plato típico nipón, con carnes, vegetales, tofu y algas, que se cocinan en la misma mesa, en un caldo. No falta la sopa de miso con ostras y  bizcochos rellenos con crema.

sueñoprofundo“Sueño Profundo” aporta una mirada diferente del Japón, enlaza tres relatos en los que las protagonistas, mujeres jóvenes, viven momentos íntimos: juegan sueño y vigilia, vida y muerte. En “Una experiencia” que cierra la trilogía, Fumi-chan recurre a la borrachera para poder dormir, en el medio de una música especial. Texto fuerte del que casi huyo.

el-lago_9788483837764“El Lago”, la última novela de Yoshimito, fue mi refugio de fin de semana. Es uno de esos libros que enhebran las palabras como imágenes, belleza pura. Es la historia de una mujer joven, que curiosamente se llama Chihiro, como el personaje de la famosa película de dibujos, “El Viaje de Chihiro” (tema de otro encuentro, prometo). Ella es pintora de murales y se traslada a Tokyo después de la muerte de su madre. En su casa, mientras sentada mira por la ventana, descubre a un hombre, del otro lado de la calle. Se conocen, se enamoran y juntos nos permiten descubrir el enigma que encierra uno de ellos, ligado a un lago y a su pasado. El rompecabezas de la vida se va armando lentamente, alejando a los monstruos del pasado, con un ritmo que -aunque lento- seduce y atrapa, la lectura se hace más amena con las tazas de té, con agua del lago.

GPS: Tusquets Ediciones.

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Preparar un buen té

-Caliente agua, si no tiene pura de lago, por lo menos que no sea clorada. Llene la tetera para que ésta se caliente y después de unos minutos, descártela.

-Vuelva a calentar agua (siempre no clorada), sin que hierva.

-Coloque en la tetera 1 cucharada de hebras de un buen té por cada taza que vaya a servir. Sume el agua caliente y deje infusionar según el té que haya preparado, los blancos llevan unos 7 minutos, los verdes, 3, y los negros, unos 4 minutos. 

-Distribuya el té en las tazas recurriendo a un colador de malla fina.

Baila, baila, baila

Scan8Autor Haruki Murakami

Editorial Tusquets ediciones

En marzo de 1983, el protagonista de la novela, un redactor freelance, por circunstancias de la vida decide volver a recorrer algunos escenarios del pasado. Viaja a Sapporo con la intención de alojarse en el Hotel Delfín, donde vivió una aventura con una mujer. Pero al llegar, descubre que el edificio ya no está en pie y de ahí en más comienzan a sucederle experiencias que sólo Murakami puede relatar y que van atrapando al lector. Como en todos los libros de este autor japonés, no falta la música, una de sus pasiones, los buenos tragos y la comida, que nos acerca a un universo de sabores mucho más complejo que el sushi y que no termina en las fronteras niponas. Para más datos, buceando en sus páginas es posible encontrar una receta de pasta con ajo, guindilla y jamón, que hasta como recomendación, una ensalada capresse.