Per Se

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Thomas Keller no abrió sucursal en Palermo. Lo que uno de los mejores chefs del momento seguramente no sabe, es que muy cerca de Chivilcoy, provincia de Buenos Aires, Argentina, hace muchos años una nonna le puso a su lugar en el mundo: Per Se. ¿Coincidencia? Allí esta mujer se dedicó a sus animales, a tener su huerta, a elaborar embutidos caseros y en especial, a criar nietos y bisnietos. Uno de ellos forma parte del equipo de este nuevo restaurante y quiso homenajearla. Creo que si Thomas la hubiese conocido, estaría de acuerdo con el nombre. Aclarado los tantos, paso a contarles de este nuevo restaurante, con poco menos de un mes de vida.

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Al entrar se encontrará con una gran caja de cemento, doble altura, ventanal que enmarca la calle, una pared con láminas de madera que dan movimiento, barra para tragos creados por Gonzalo Cabado, cava a la vista con 800 etiquetas (a precios posibles), asiento corrido de cuero capitonée y sillas que hubiesen hecho protestar a Vidal Buzzi. En el entrepiso un privado con mesas, living y patio, íntimo y muy bien logrado, hubo búsqueda y buen diseño. La iluminación de todo el lugar demuestra mano experta: la luz está donde donde tiene que estar y es cálida, detalle poco usual en Buenos Aires. La cocina está a la vista, con diferentes fuegos e incluye parrilla.

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En los fogones, el socio y chef ejecutivo Emiliano Di Nisi, con experiencia en cocinas europeas, que le aportaron el valor por los buenos ingredientes (pocas heladeras, para trabajar sólo con productos frescos), conceptos claros sobre técnicas y una revalorización de lo nuestro: lo simple elaborado con calidad, empleo de técnicas modernas con largas cocciones al vacío y temperaturas controladas, combinadas con paso por leña.

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La carta es corta y cuidada, se puede optar por  uno ($170), 2 ($260) o 3 platos ($360). En cada uno hay muy buen equilibrio de sabores, texturas y una cuidada elección de productos locales como los quesos de Suipacha, los embutidos de Chivilcoy (pago de los dueños), pimentón de Cachi…

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Ricas entradas, como el tartare de pescado que va cambiando según lo mejor que consigan, muy rico pulpo a la leña con mayonesa de oliva y especial el ossobuco braseado con kétchup casero, ají y manzana, con gratén de caracú, para el que recomiendo guardar (o pedir) alguno de los buenos panes.

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En principales, hay cortes que salieron de las cacerolas caseras para entrar en la de los restaurantes, como la carrillera de ternera con una cocción de 18 horas; también cochinillo de cerdo con emulsión de zanahorias orgánicas, chutney de cayote y queso de cabra y los gnocchi de manzana y eucalipto ahumado. Prometen ir sumando más productos de todas partes del país, en especial de Chivilcoy, muchos con sello casero.

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Los postes están a la altura de la carta, rico el budín de pan con receta de la abuela, el volcán de chocolate y el queso y dulce. En próximos días comienzan los almuerzos, con platos que cambiarán frecuentemente. Agenden este lugar porque le auguro buen futuro, si siguen la línea de largada.

GPS: Honduras 5815, 4773-7524/ reservas@perserestaurant.com

Al Gran Pueblo Argentino Salud

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Una historia del vino, la bebida nacional. La frase resume lo que una copa de vino es para la mesa de los argentinos, la bebida del brindis, la de los buenos deseos, la que acompaña la comida de todos los días. Nos criamos con vino, mucho antes que para hablar de vino haya hecho falta alguna especie de estatus. En casa se tenían damajuanas, para todos los días, y botellas especiales, para momentos especiales. Pero siempre vino. Las vides llegaron de manos inmigrantes, lo mismo que la tradición para su cultivo y elaboración, fueron hombre y mujeres, familias, y hoy miles de argentinos los que le dedican su vida. Felipe Pigna, historiador que tiene la virtud de explicar las cosas claras, con palabras simples, recorre cinco siglos de historia, que incluyen sus transformaciones sociales y culturales. No faltan los personajes, las anécdotas, las variadas fiestas y también algún lagrimón, porque el vino es vida. Es “la bebida” para dedicarnos la frase del título: ¡Al Gran Pueblo Argentino Salud!

Autor: Felipe Pigna.

Editorial: Planeta.

Los Buenos Vinos Argentinos 2014

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Para que quede más claro, ya se consigue “la guía” de vinos que -año a año- selecciona Elisabeth Checa, La Checa, y que en esta edición contó con la colaboración de Paz Levinson y en una segunda etapa, con Rodrigo Calderón.

Uno de sus propósitos se lee de entrada en la dedicatoria: “a aquellos consumidores que comienzan a descubrir la dicha del vino”. “Recomendar no es fácil, dice Checa, el consumidor argentino no se guía por puntajes como los de otros países, además, el vino es un estado de ánimo, y ese que nos deslumbró ayer, hoy con otras circunstancias de gente, climas, platos, hora, estado del espíritu y del cuerpo nos gusta menos o no nos gusta. No se puede prever la subjetividad, qué le pasa a cada consumidor frente a una copa.” Queda claro, Elisabeth Checa dice claro, pero para llegar a lo escrito, esas 270 entradas que incluyen vinos, champañas y aceites de olivas, con sus colaboradores tuvieron que probar y probar más del doble. Sigo con sus palabras: “En Argentina ya no hay vinos malos, hay buenos, muy buenos, excepcionales y también muchos parecidos. Nos gusta encontrar excepciones y rarezas. Detectar tendencias. Más que nunca, el vino es cultura… Por algo es la bebida nacional.”

IMG_1613 mediaCuando la lea, va a encontrarse con una muy buena selección, que incluye bodegas tradicionales y nuevas, y también artículos interesantes, algunos, como el los aromas del vino, desandan chamuyos. El de la cosecha 2013 o el de los viñedos de Argentina, con sus diversos cepajes, aportan información imprescindible y el del fenómeno del vino en China, investigación de la gran Paz Levinson, amplia horizontes. Una guía para tenerla cerca, copa en mano.

Editorial Vocación.